Hoy me has dado tu cuerpo con la confianza que el querer otorga a los amantes, te has entregado como sol en ocaso a un horizonte que te deseaba. Hoy mis manos fueron hechas para tu espalda, pechos, abdomen, piernas, cara, alma, te recorrí en caricias y besos como viajero al mundo, me siento tan perdido en ti como ellos en el mar. Sin importar el destino, volvía a tus labios, inexorable, santuario de renacimiento para este cadáver que solo vive al unirse a ellos y muere en la abstinencia de su roce. Hoy ha significado para mí más que todo el calendario, pues hemos hablado sin palabras lo que se negaba a oírse hemos rematado el placer con un te amo impaciente, temeroso de ser visto, juzgado, apedreado, pero que no ha sabido vivir en la oscuridad de la mentira, queriendo unirse también al juego de fricciones y cariños, sin saber que él ha estado ahí desde antes, que el juego nació por él, que todo ha nacido desde él, que tu nombre es simplemente sinónimo de amor.
De poesía y otros instrumentos de muerte lenta.