Nuestro amor será para siempre, será una canción de hielo viajando en un río de plata, flotando en medio de un ruido equivalente al silencio, armónico, no como tú, no como yo, que estamos atados a la carne, a los besos, al tacto, y al aroma de su hechizo, no como nosotros condenados al polvo, llamados a ser cenizas para volver y romper el ciclo, matar la magia. Nuestro amor será para siempre, un susurro eterno sin tiempo, presente, continuo, variando en tono para ocultarse de oídos inquietos, para huir de todos, de los ojos de otros, de tu boca y de mi mano, para viajar sin las cadenas que le dimos, con las que lo atamos desde su primer día, bajo el tierno hilo de miradas desconocidas y latidos sordos, latidos que se perderán en el olvido, cosa peor que la muerte, insalvable, en que caemos juntos. Nuestro amor será para siempre, no nosotros, que partiremos por sendas distintas, después de encender por última vez las partes en mi mente que se alegran por ti, rotas entonces por el aband...
De poesía y otros instrumentos de muerte lenta.