Nuestro amor será para siempre, será una canción de hielo viajando en un río de plata, flotando en medio de un ruido equivalente al silencio, armónico, no como tú, no como yo, que estamos atados a la carne, a los besos, al tacto, y al aroma de su hechizo, no como nosotros condenados al polvo, llamados a ser cenizas para volver y romper el ciclo, matar la magia. Nuestro amor será para siempre, un susurro eterno sin tiempo, presente, continuo, variando en tono para ocultarse de oídos inquietos, para huir de todos, de los ojos de otros, de tu boca y de mi mano, para viajar sin las cadenas que le dimos, con las que lo atamos desde su primer día, bajo el tierno hilo de miradas desconocidas y latidos sordos, latidos que se perderán en el olvido, cosa peor que la muerte, insalvable, en que caemos juntos. Nuestro amor será para siempre, no nosotros, que partiremos por sendas distintas, después de encender por última vez las partes en mi mente que se alegran por ti, rotas entonces por el abandono, como hilos dejados a merced de la lluvia y el sol, pero que llevarán el nombre de desolación y condena, y día con día, cada más solas, más tristes, se apagaran por completo con el sonido de la estática; después de que el tributo por tu risa no sea suficiente, y, furiosa, desaparezca instantáneamente, sin aviso, ni ruido, ni vida, ni nada, dejando morir a las rosas plantadas en el jardín, que caerán pétalo a pétalo, como nosotros sueño a sueño, hasta solo dejar las espinas, y menos aún, solo el frío de la ausencia, después de secarnos, de caer, y caer, y caer, a un lugar con dos salidas separadas, sin retorno, donde lo veremos por vez final, pensando que esa será su tumba, que ahí terminará, un último golpe de tecla a un largo soneto. Pero no lo hará, porque no es como nosotros, y nuestro amor, para siempre será.
Odio escribir así con los sentimientos ofuscados con la mente aturdida enojado de tener que escribir. Y tengo que escribir, en nombre de un dolor que como todos no fue pedido, tengo que escribir de la maraña, de la ofuscación y del odio, y tengo que escribir de que no quiero escribir, porque la alternativa es no dormir, enojarme con quién no merece enojo escupir desprecio a quien me otorga amor. Así que tengo que escribir, a pesar de que mi pluma cargue con una tinta de un color que detesto, escribiendo rabia, ansiedad y dolor, culpándome de usar mi mano para la autocomplacencia en lugar de crear algo útil, bello O que rinda homenaje a quien está aquí. Tengo que escribir odiando la escritura odiando al escritor, odiando la fuente que se oculta detrás de las palabras, con la esperanza de que mi odio se agote tras dejar su esqueleto regado en el papel. Y es por eso que aquí estoy escribiendo, y escribiendo, y escribiendo.
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