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Mostrando las entradas de agosto, 2018

Capítulo 37 - Mar

Viajo por las olas de este mar grisáceo  para olvidar el puerto del que zarpé, de la tierra segura tras de mí, donde mi muerte muestra tu rostro y a las lágrimas que nacen de él, lágrimas que ruedan a paso constante, lentas, empujadas a cuesta por dos tristezas, hacia abajo, como si fueran cayendo, pero aferradas a ti como mi pecho, cayendo, sin detenerse, sin pensar en nada más que en la caída, mejillas, labios, mentón, cuello, pecho, vientre, siguiendo un camino trazado a besos, besos ahora perdidos y muertos, cuyos cadáveres no recuerda nadie, cayendo con sabor a sal y amargura, con olor de amor roto, cayendo a reunirse con sus hermanas y los míos, allá en el fondo de otras lágrimas, nacidas de otros ojos más grandes, más sabios, y si es posible, más tristes. Lágrimas que ahora surco en mi barco para poder olvidar las tuyas.

Capítulo 36 - Naminé

Nací en un mundo de inexistencia sin memoria o pasado, llamada a ser la mitad de alguien completo, marioneta vacua y triste, con solo vacío en este pecho mío, sombra inerte de luz viva, que lleva los anhelos de mi nombre real. Tú tienes la fortuna que sueño y plasmo, tesoro que de ti robo, cristales antiguos donde puedes estar, que él guarda en un sitio para mí prohibido desde inicio, donde todo nace y muere, fuego en mí extinto que emana frío.  Aunque lo siento, me quedo sin opciones y deseo conocerle, que me sienta tan real como yo lo siento,  aunque sea solo un cascarón, entiéndelo y responde responde sinceramente, sin mentiras ni ilusiones ¿No cambiarías tú algunos recuerdos para ganar un corazón?

Capítulo 35 - Retrato

Aquí, a un lado mío, a distancia de mil besos, cien latidos o un amor, yacen tus ojos mirando a lo lejos (quitando su luz al mundo), una frontera sin líneas, trazada por un pincel invisible, llenando el aire de una amalgama de fuego; de pronto, como fatalidad inadvertida se deshace el viento en tu rostro (de la misma forma en que lo hace mi pecho en tu ser), en su disgregación mueve tus hilos, hilos que flotan en su comienzo negros (en un negro eterno que abarca el tiempo),  después marrones (como la tierra que cuida con celo tus pasos) y en su muerte, fundiéndose con todo, perdiendo así tus límites, tiñen dorados al horizonte. Abstraído, en manos de un hechizo antiguo, tal vez el primero, quedo inmóvil e impasible en este instante, la cuerda rota de mi reloj, escapando de su juicio, vagando a mi antojo en este retrato, donde la vista susurra a mi cabeza las cosas que mira en ti, donde le cuenta de las tormentas, montes, valles, ocasos y acasos, que ignoro por pudor, pero que qu...

Capítulo 34 - La meningitis y su sombra

"Y cuando no tenga más delirio ¿me querrás todavía?" dices colgada de esta mano mía, yendo hacia el altar maldito que vive cuando duermo, reflejo y delirio que me ha regalado tu fiebre, usando tu mano  por días para alcanzar mi pecho. Bendita demencia que me dio a ti, me puso a tus ojos, para mirarlos noche tras noche, maldición febril que desde entonces me roba el sueño. Tú de blanco y yo detrás tuyo, tan cerca, tan lejos, van la meningitis y su sombra, la maldita sombra que es amada por otra, enferma, a cuarenta grados y solo entonces, y nunca más. Alguien me plantó en tu locura alguien a quien odio y agradezco a intervalos, hoy solo ahí vivo, solo en cama me amas como te amo. Me iré lejos de ti para no vivir lo que no es vida, a Sudamérica, o a cualquier parte sin delirios de amor recíproco, pero me detienen tus palabras, solo la pregunta que este corazón ha convertido en su fe inmortal, aquellas palabras pronunciadas por mente rota ...