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Mostrando las entradas con la etiqueta H.J.Swellz

Capítulo 38 - Sobre final

Te leo como a una carta antigua de tinta y piel frías, carta rota y sellada para siempre en este sobre final. Hojas plegadas sobre sí, historia oculta entre versos que cuentan a nosotros un fin, el cual presenciamos desde lejos. Sé que en esta noche te irás, lo susurra todo en tu cuerpo, tentada ya a no regresar por el pasado de alguien muerto. Ya sé que me vas a dejar, ahogas el grito de esos ojos detrás del incesante temblar de tus bellos labios rojos. No tienes nada que explicar, las palabras brotan de tus besos, enviados a mí a apagar aquel fuego que ardió adentro. No hay nada para decir las razones sobran a tus manos, caricias que no saben mentir a quien las conoce de antaño. Hoy quemas heridas vivas cerradas este último encuentro de cuerpos y almas vacías que parten por dentro en secreto. Basado en la canción homónima de La Gusana Ciega

Capítulo 36 - Naminé

Nací en un mundo de inexistencia sin memoria o pasado, llamada a ser la mitad de alguien completo, marioneta vacua y triste, con solo vacío en este pecho mío, sombra inerte de luz viva, que lleva los anhelos de mi nombre real. Tú tienes la fortuna que sueño y plasmo, tesoro que de ti robo, cristales antiguos donde puedes estar, que él guarda en un sitio para mí prohibido desde inicio, donde todo nace y muere, fuego en mí extinto que emana frío.  Aunque lo siento, me quedo sin opciones y deseo conocerle, que me sienta tan real como yo lo siento,  aunque sea solo un cascarón, entiéndelo y responde responde sinceramente, sin mentiras ni ilusiones ¿No cambiarías tú algunos recuerdos para ganar un corazón?

Capítulo 35 - Retrato

Aquí, a un lado mío, a distancia de mil besos, cien latidos o un amor, yacen tus ojos mirando a lo lejos (quitando su luz al mundo), una frontera sin líneas, trazada por un pincel invisible, llenando el aire de una amalgama de fuego; de pronto, como fatalidad inadvertida se deshace el viento en tu rostro (de la misma forma en que lo hace mi pecho en tu ser), en su disgregación mueve tus hilos, hilos que flotan en su comienzo negros (en un negro eterno que abarca el tiempo),  después marrones (como la tierra que cuida con celo tus pasos) y en su muerte, fundiéndose con todo, perdiendo así tus límites, tiñen dorados al horizonte. Abstraído, en manos de un hechizo antiguo, tal vez el primero, quedo inmóvil e impasible en este instante, la cuerda rota de mi reloj, escapando de su juicio, vagando a mi antojo en este retrato, donde la vista susurra a mi cabeza las cosas que mira en ti, donde le cuenta de las tormentas, montes, valles, ocasos y acasos, que ignoro por pudor, pero que qu...

Capítulo 34 - La meningitis y su sombra

"Y cuando no tenga más delirio ¿me querrás todavía?" dices colgada de esta mano mía, yendo hacia el altar maldito que vive cuando duermo, reflejo y delirio que me ha regalado tu fiebre, usando tu mano  por días para alcanzar mi pecho. Bendita demencia que me dio a ti, me puso a tus ojos, para mirarlos noche tras noche, maldición febril que desde entonces me roba el sueño. Tú de blanco y yo detrás tuyo, tan cerca, tan lejos, van la meningitis y su sombra, la maldita sombra que es amada por otra, enferma, a cuarenta grados y solo entonces, y nunca más. Alguien me plantó en tu locura alguien a quien odio y agradezco a intervalos, hoy solo ahí vivo, solo en cama me amas como te amo. Me iré lejos de ti para no vivir lo que no es vida, a Sudamérica, o a cualquier parte sin delirios de amor recíproco, pero me detienen tus palabras, solo la pregunta que este corazón ha convertido en su fe inmortal, aquellas palabras pronunciadas por mente rota ...

Capítulo 33 - Agujeros negros y revelaciones

Bajo el manto de esta luz estelar , rodeados por su alma de brillo azul, sobre este suelo de sueños y esperanzas la muerte canta su canción insonora, dibuja el mapa de la problemática entre risas vacías y ojos negros, confiando en que iremos a sus brazos, directamente, sin frenos ni escalas, a recibir el beso que nos ha guardado, que lleva grabado en sí nuestro nombre y que nos llama a una cita inevitable, a un agujero negro supermasivo , con un pasaje que solo es de ida. El  poema de los soldados  suena al fondo, erguidos, sobre esta ciudad de engaños , uno a uno, los caballeros de Cydonia , toman un arco que cargan con su sangre llena con la furia de las almas caídas, arrebatadas por hoodoo y magia negra, magia rota, tirada del cielo al fuego, alzada del barro por un asesino con exo-políticas de guerra, sin paz. Proclamaré a la muerte esta noche  bajo el manto de esta luz estelar, sobre este suelo de sueños y esperanzas rotas, que juntos, ho...

Capítulo 32 - Absolución

Los pensamientos de un ateo moribundo muestran solo mariposas y huracanes , guiados por la histeria y la locura a su final, cayendo lejos contigo . A ti, su Dios, canta por absolución , a ti, su introducción a ese infierno, con la fe ciega y justa de los creyentes, con la lealtad que el síndrome de Estocolmo da a aquellos gobernados por el secreto . Y en el interludio entre ausencias, tras cada pérdida del conocimiento , pide alargues su apocalipsis, por favor , que ignores que el tiempo se está acabando para los que obviaron la letra pequeña en este tu contrato de amor sin final.   Este escrito fue redactado usando como base los títulos traducidos al español (las letras en negro) de mi álbum favorito de mi banda favorita: Muse.

Capítulo 31 - Vacío

Cuando estoy en mi ausencia regresa mi mano a ti, que también estás ausente; temblando, fría, con miedo, lanzando una pregunta que contesta el aire, se calma entonces y cae, sobre la sombra, aquí. Yo me hago el dormido y dejo que te sienta, la culpa no es de ella y ha vivido triste, pregunta tantas cosas que respondo en silencio, que le escondo en su bien e ignore así lo que sé, porque el conocer duele y ha sufrido mucho. Llora ríos de tinta que desembocan en ti, o en esta sombra de ti que yace bajo ella, vacío tangible, beso de brisa al mar, rápido e indoloro, tan ligero y azul, quemando desde dentro como el amor puesto al sol.

Capítulo 30 - Ceguera

Me has engañado estos años con un rostro que no es este, cantando con otra voz a la de ahora. Me has engañado, por tanto tiempo, alejando de mí esa sonrisa que no sabía, y desdichado de mí por conocerla, necesitaba desde siempre. Me has engañado y lo he creído, atando la venda en mis ojos, gastando tu vida en hacer la mía. Me has engañado, es cierto, o quizás me he engañado a mí mismo, quizá me engaño ahora, y un “te quiero” se pierde entre el mañana y la duda.