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Capítulo 32 - Absolución

Los pensamientos de un ateo moribundo
muestran solo mariposas y huracanes,
guiados por la histeria y la locura
a su final, cayendo lejos contigo.

A ti, su Dios, canta por absolución,
a ti, su introducción a ese infierno,
con la fe ciega y justa de los creyentes,
con la lealtad que el síndrome de Estocolmo
da a aquellos gobernados por el secreto.

Y en el interludio entre ausencias,
tras cada pérdida del conocimiento,
pide alargues su apocalipsis, por favor,
que ignores que el tiempo se está acabando
para los que obviaron la letra pequeña
en este tu contrato de amor sin final. 



Este escrito fue redactado usando como base los títulos traducidos al español (las letras en negro) de mi álbum favorito de mi banda favorita: Muse.

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