Te leo como a una carta antigua de tinta y piel frías, carta rota y sellada para siempre en este sobre final. Hojas plegadas sobre sí, historia oculta entre versos que cuentan a nosotros un fin, el cual presenciamos desde lejos. Sé que en esta noche te irás, lo susurra todo en tu cuerpo, tentada ya a no regresar por el pasado de alguien muerto. Ya sé que me vas a dejar, ahogas el grito de esos ojos detrás del incesante temblar de tus bellos labios rojos. No tienes nada que explicar, las palabras brotan de tus besos, enviados a mí a apagar aquel fuego que ardió adentro. No hay nada para decir las razones sobran a tus manos, caricias que no saben mentir a quien las conoce de antaño. Hoy quemas heridas vivas cerradas este último encuentro de cuerpos y almas vacías que parten por dentro en secreto. Basado en la canción homónima de La Gusana Ciega
De poesía y otros instrumentos de muerte lenta.