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Mostrando las entradas con la etiqueta Hugo Sosa

Capítulo 39 - Memoria

Tú te llevaste mi memoria, la has tirado a un lugar que no recuerdo, o quemado en una hoguera que alimenta con los malos días. La has roto bajo el peso de los años y dado las sobras a los perros, que han roído hasta la médula los días tristes. Jugaste con ella y la tiraste, vive ahora bajo el mueble llenando de polvo los días felices. La torturaste, golpeaste y laceraste, hasta hacer de aquellos viejos días  un mapa hecho de cicatrices que llevan a algún sitio sin nombre. La abandonaste en la lluvia para que los nuevos días murieran de hambre, dejaste su destino a manos del sol para que perdiera su color, quedando atrás una sombra gris de lo que fue. La ahogaste con tus manos en el río, dejando que se asfixiara con esa agua envenenada llamada olvido, la viste disolverse, desaparecer y no tomaste su mano. Buscaste entre sus restos los días brillantes para dárselos a los cuervos, y vendiste el resto por años. No lo sé, no lo recuerdo, pero tú te lle...

Capítulo 38 - Sobre final

Te leo como a una carta antigua de tinta y piel frías, carta rota y sellada para siempre en este sobre final. Hojas plegadas sobre sí, historia oculta entre versos que cuentan a nosotros un fin, el cual presenciamos desde lejos. Sé que en esta noche te irás, lo susurra todo en tu cuerpo, tentada ya a no regresar por el pasado de alguien muerto. Ya sé que me vas a dejar, ahogas el grito de esos ojos detrás del incesante temblar de tus bellos labios rojos. No tienes nada que explicar, las palabras brotan de tus besos, enviados a mí a apagar aquel fuego que ardió adentro. No hay nada para decir las razones sobran a tus manos, caricias que no saben mentir a quien las conoce de antaño. Hoy quemas heridas vivas cerradas este último encuentro de cuerpos y almas vacías que parten por dentro en secreto. Basado en la canción homónima de La Gusana Ciega

Capítulo 37 - Mar

Viajo por las olas de este mar grisáceo  para olvidar el puerto del que zarpé, de la tierra segura tras de mí, donde mi muerte muestra tu rostro y a las lágrimas que nacen de él, lágrimas que ruedan a paso constante, lentas, empujadas a cuesta por dos tristezas, hacia abajo, como si fueran cayendo, pero aferradas a ti como mi pecho, cayendo, sin detenerse, sin pensar en nada más que en la caída, mejillas, labios, mentón, cuello, pecho, vientre, siguiendo un camino trazado a besos, besos ahora perdidos y muertos, cuyos cadáveres no recuerda nadie, cayendo con sabor a sal y amargura, con olor de amor roto, cayendo a reunirse con sus hermanas y los míos, allá en el fondo de otras lágrimas, nacidas de otros ojos más grandes, más sabios, y si es posible, más tristes. Lágrimas que ahora surco en mi barco para poder olvidar las tuyas.

Capítulo 36 - Naminé

Nací en un mundo de inexistencia sin memoria o pasado, llamada a ser la mitad de alguien completo, marioneta vacua y triste, con solo vacío en este pecho mío, sombra inerte de luz viva, que lleva los anhelos de mi nombre real. Tú tienes la fortuna que sueño y plasmo, tesoro que de ti robo, cristales antiguos donde puedes estar, que él guarda en un sitio para mí prohibido desde inicio, donde todo nace y muere, fuego en mí extinto que emana frío.  Aunque lo siento, me quedo sin opciones y deseo conocerle, que me sienta tan real como yo lo siento,  aunque sea solo un cascarón, entiéndelo y responde responde sinceramente, sin mentiras ni ilusiones ¿No cambiarías tú algunos recuerdos para ganar un corazón?

Capítulo 35 - Retrato

Aquí, a un lado mío, a distancia de mil besos, cien latidos o un amor, yacen tus ojos mirando a lo lejos (quitando su luz al mundo), una frontera sin líneas, trazada por un pincel invisible, llenando el aire de una amalgama de fuego; de pronto, como fatalidad inadvertida se deshace el viento en tu rostro (de la misma forma en que lo hace mi pecho en tu ser), en su disgregación mueve tus hilos, hilos que flotan en su comienzo negros (en un negro eterno que abarca el tiempo),  después marrones (como la tierra que cuida con celo tus pasos) y en su muerte, fundiéndose con todo, perdiendo así tus límites, tiñen dorados al horizonte. Abstraído, en manos de un hechizo antiguo, tal vez el primero, quedo inmóvil e impasible en este instante, la cuerda rota de mi reloj, escapando de su juicio, vagando a mi antojo en este retrato, donde la vista susurra a mi cabeza las cosas que mira en ti, donde le cuenta de las tormentas, montes, valles, ocasos y acasos, que ignoro por pudor, pero que qu...

Capítulo 34 - La meningitis y su sombra

"Y cuando no tenga más delirio ¿me querrás todavía?" dices colgada de esta mano mía, yendo hacia el altar maldito que vive cuando duermo, reflejo y delirio que me ha regalado tu fiebre, usando tu mano  por días para alcanzar mi pecho. Bendita demencia que me dio a ti, me puso a tus ojos, para mirarlos noche tras noche, maldición febril que desde entonces me roba el sueño. Tú de blanco y yo detrás tuyo, tan cerca, tan lejos, van la meningitis y su sombra, la maldita sombra que es amada por otra, enferma, a cuarenta grados y solo entonces, y nunca más. Alguien me plantó en tu locura alguien a quien odio y agradezco a intervalos, hoy solo ahí vivo, solo en cama me amas como te amo. Me iré lejos de ti para no vivir lo que no es vida, a Sudamérica, o a cualquier parte sin delirios de amor recíproco, pero me detienen tus palabras, solo la pregunta que este corazón ha convertido en su fe inmortal, aquellas palabras pronunciadas por mente rota ...

Capítulo 33 - Agujeros negros y revelaciones

Bajo el manto de esta luz estelar , rodeados por su alma de brillo azul, sobre este suelo de sueños y esperanzas la muerte canta su canción insonora, dibuja el mapa de la problemática entre risas vacías y ojos negros, confiando en que iremos a sus brazos, directamente, sin frenos ni escalas, a recibir el beso que nos ha guardado, que lleva grabado en sí nuestro nombre y que nos llama a una cita inevitable, a un agujero negro supermasivo , con un pasaje que solo es de ida. El  poema de los soldados  suena al fondo, erguidos, sobre esta ciudad de engaños , uno a uno, los caballeros de Cydonia , toman un arco que cargan con su sangre llena con la furia de las almas caídas, arrebatadas por hoodoo y magia negra, magia rota, tirada del cielo al fuego, alzada del barro por un asesino con exo-políticas de guerra, sin paz. Proclamaré a la muerte esta noche  bajo el manto de esta luz estelar, sobre este suelo de sueños y esperanzas rotas, que juntos, ho...

Capítulo 32 - Absolución

Los pensamientos de un ateo moribundo muestran solo mariposas y huracanes , guiados por la histeria y la locura a su final, cayendo lejos contigo . A ti, su Dios, canta por absolución , a ti, su introducción a ese infierno, con la fe ciega y justa de los creyentes, con la lealtad que el síndrome de Estocolmo da a aquellos gobernados por el secreto . Y en el interludio entre ausencias, tras cada pérdida del conocimiento , pide alargues su apocalipsis, por favor , que ignores que el tiempo se está acabando para los que obviaron la letra pequeña en este tu contrato de amor sin final.   Este escrito fue redactado usando como base los títulos traducidos al español (las letras en negro) de mi álbum favorito de mi banda favorita: Muse.

Capítulo 31 - Vacío

Cuando estoy en mi ausencia regresa mi mano a ti, que también estás ausente; temblando, fría, con miedo, lanzando una pregunta que contesta el aire, se calma entonces y cae, sobre la sombra, aquí. Yo me hago el dormido y dejo que te sienta, la culpa no es de ella y ha vivido triste, pregunta tantas cosas que respondo en silencio, que le escondo en su bien e ignore así lo que sé, porque el conocer duele y ha sufrido mucho. Llora ríos de tinta que desembocan en ti, o en esta sombra de ti que yace bajo ella, vacío tangible, beso de brisa al mar, rápido e indoloro, tan ligero y azul, quemando desde dentro como el amor puesto al sol.

Capítulo 30 - Ceguera

Me has engañado estos años con un rostro que no es este, cantando con otra voz a la de ahora. Me has engañado, por tanto tiempo, alejando de mí esa sonrisa que no sabía, y desdichado de mí por conocerla, necesitaba desde siempre. Me has engañado y lo he creído, atando la venda en mis ojos, gastando tu vida en hacer la mía. Me has engañado, es cierto, o quizás me he engañado a mí mismo, quizá me engaño ahora, y un “te quiero” se pierde entre el mañana y la duda.

Capítulo 29 - Lejos

¿Por qué enciendes en mí una llama hace tiempo muerta? ¿Por qué la liberas de la cárcel que arduamente cree para ella? para que su calor no me alcanzara,  para que me dejara dormir tranquilo, perdido en el país de los sueños, tan lejos de su mano. Pero has venido a reclamar tu parte de mí, a llevarte aquello que es tuyo, que creía tan mío ignorantemente. Úsalo para tu bien, que es mi deseo, hazlo tú herramienta, construye con él nuestra morada, para abandonar nuestros fuegos a su suerte. Resignado, con los ojos cerrados y el alma encendida, duermo sin algo que me falta, la última gota del mar, el verso perdido en un poema, el canto de un ave dorada, aquel reino que ya no es mío, que te has llevado bajo el brazo y has guardado en tu pecho, lejos, muy lejos, de aquí.

Capítulo 28 - Lub-dub

El doctor dice que estoy loco, que el único que habla es mi cerebro, inquieto y solitario, pero yo sé, que por las noches, en clave Morse, mi corazón susurra tu nombre. 

Capítulo 27 - El cuadro perfecto

¿Acaso se vive solo un día? Es por eso que te retrato por el color tornasol, por este atardecer.  Eternamente me huyes, como a otros tantos yo, llegas con el alba, te vas con mi risa a medianoche y dejás atrás mi cadáver que se disuelve en tinta. ¿Cuántas veces te he visto? ¿A través de qué ojos? ¿Cuántas muertes cargan estas letras? que persiguen fantasmas pasados. Eres mi poema número veinte, el dibujo catorce, el beso invaluable y el anhelo que no existe. Como ayer, me vuelo las ideas, usando una pluma que no reconozco, que me es tan ajena como el día de hoy, como esa sonrisa tuya que he visto mil veces en mil rostros, pero que es la misma siempre, si esa palabra no fuera prohibida, si existiera para ti o para aquellas como tú, que poseo como el cielo al sol, tan lejos pero dentro de él. Sin embargo, como todo, cambias, y mis letras ya no sirven, porque fuiste y no eres, y tú te mereces, solo para ti, el cuadro perfecto. 

Capítulo 26 - Dama de negro

No vuelves a ser el mismo, jamás después de ver esos ojos, de sentir ese frío, de estar tan cerca de ese beso. Es algo en su porte, en la delgadez de su hermosa figura, en la eterna sonrisa silente, en ese exquisito vestido negro. No vuelves a ser el mismo después de escuchar su voz sin palabras, de sentir el miedo que emana de su presencia, ese miedo desconocido, antiguo, atávico, grabado en ti desde antes, puesto ahí por quién sabe qué mano.  No después de ver uno de sus miles rostros, máscaras divinas de contornos irreales, tatuajes de belleza y justicia hipócritas, facetas de terrible apacibilidad. Porque nadie debería volver, no después de esa gélida cita, no después de estar tan cerca de su abrazo, de sentir el rocé de ese tacto sin calor.  Y la verdad es que jamás regresas de ese encuentro, solo vuelve una sombra risible de tu pasado, sombra con tu cara, tu risa, tus ojos, una sombra perfecta pero sin brillo, sin ti.

Capítulo 25 - Hola

¿A cuántos lugares te lleva un "Hola"? ¿De cuántas formas se pronuncia? ¿Se puede traducir a mi idioma? ¿Cómo forzar a una lengua que a mi voluntad renuncia? ¿De qué manera se camina hacia un huracán? si tus pies no avanzan y no hay sendero, si éste se aleja cual hoja blanca, y que sin plumas vuela lejos de tu terreno. Tempestad esquiva de ojos vacíos que a esta tierra has bajado ahora, que sin conciencia cortas mis hilos, dime ¿De qué manera te digo "hola"?

Capítulo 24 - Cielo gris

Hoy, de tu amor me cayó una gota, lo hizo por un agujero en el cielo, a través del aire de esta ciudad rota, sin avisó mojó mi alma con tu recuerdo. De tu amor me cayó una gota, desde entonces te busqué en vano este día soleado, con los ojos clavados en otra época, con el corazón latente de otros años. De tu amor me cayó una gota, pasó de mí sin mirarme, brillaba en su caída, transparente, hermosa,  reflejando el eco de una risa triste. De tu amor me cayó una gota, y dolió el frío de su beso en mi espalda, el mismo frío que tus caricias un día tatuaran, el frío de tus labios inertes sobre mi boca. De tu amor, hoy me cayó una gota, me alejé de ella sin despedirme, le dí aquellos días para que no durmiera sola, y en el suelo, ya muerta, parecía sonreírme. 

Capítulo 23 - Martes

"La vida es tan pequeña que tu padre cabe en un martes, y te sonríe desde una caja de zapatos, que tus amigos existen en una copa cubiertos en crema, que toda la ciencia médica se guarda en una mochila, que los malos momentos son solo como las moscas, que la belleza cabe en un hoyuelo, la nostalgia en un helado y tu amor en menos de un lustro. En fin, la vida es tan pequeña que cabe en una clase de urología"

Capítulo 22 - El precio de una vida

Lo primero que escucha son silbidos incesantes provenientes de ningún lugar, se gira boca arriba y abre los ojos, aparece ante él el cielo estrellado, por fin cesa el ruido y percibe un sabor metálico, de pronto es inundado por el olor, la sensación de un líquido viscoso y el dolor. Cierra los ojos, lentamente toma su cabeza entre sus manos y deja que su conciencia se centre en el latir de sus sienes. Le toma un tiempo, pero logra que sus sentidos se vayan, dejando atrás la duda "¿Qué hago aquí?".Voltea a un lado, levanta sus párpados, y la respuesta a la cuestión es comunicada a través de una mirada seca, fija, sin luz.  Esa mañana había visto esos malditos ojos con los suyos, detrás de lágrimas y de ruegos. - ¡Por favor, la necesito! - Y yo necesito el dinero - ¡Se va a morir!¡Ella no merece esto! ¡Dámela, por favor! - Esto no es una obra de caridad - ¡Solo me falta un dólar! - gritó al abalanzarse sobre el mostrador. El dependiente tomó el arma debajo ...

Capítulo 21 - Tu pluma

Hoy partió tu pluma, dejó como huella una estela, estela que me recuerda la tuya, aquella de cuando pusimos fin a nuestra era. Escribió lo que nosotros no pudimos, dejó como testimonio, con su último aliento, lo que nos faltó para sanarnos.  Es extraño que hablara más que tú, que dijera aquello que callabas, con esa voz que vestía de azul mis oídos, con palabras tuyas arrancadas de mí. Hoy partió tu pluma con un año de retraso, ojalá alcance lo que el olvido de ti ha dejado, que te dibuje y escriba para alguna otra vista, imprudentemente lleno con su color tu memoria.

Capítulo 20 - Los pájaros negros y el barco blanco.

Desde lejos, recortado contra el vestido azul del mar, noto tu despedida sin forma que se eleva hacia el cielo desordenada. Contigo, siguiéndote, van mis ojos y cordura, alejándose de la costa, arrastrados por el color blanco de tu barco. Por una rosa extranjera,  en cuyos pétalos te perdiste, fuiste arrancado de aquí, y ahora cargas su espina en tu pecho. Yo no se de amores ni de puertos, pero hace días que sé de tu ausencia, ausencia presagiada por sonoros graznidos, ausencia prevista por plumas negras. No he dicho a nadie nada de esto, pero Laura conoce de miradas, y con la suya creo que escucha cuando la primavera acaba. Como yo, miro a esa palmera aislada, aquella frente al mercado viejo, no hay aves, no hay nada, solo la falta de tu mano, aquella que soltaste de la mía por otra, y que con las mías de regreso te di tu rosa. Tu voz me dice cosas en el humo, desde lejos con mi adiós respondo, volteo a mirar mi café sobre la mesa, frío, y lenta...