Se ha olvidado la hermosura de lo simple, y me duele por dentro, porque le han dicho así a tus colores, y tú lo has tomado como insulto. Has llorado la noche, en vez de que la noche llore por ti, no has salido de tu escondite, y no has dejado al sol brillar. Todo porque quieres tu mirada del color del cielo, o del verde de aquel árbol, tu boca como el ocaso de tu primer beso, tu piel como el mármol, frío y sin vida. Y yo, yo te deseo por lo que tú odias, por ese cabello castaño, por esos ojos de un café sempiterno por esa piel estrellada, por los labios lívidos, por tu existencia simple, y por tu simple existencia.
De poesía y otros instrumentos de muerte lenta.