Yo no quiero escribir un poema para ti, no quiero legarte palabras que se refugiarán en el olvido como los niños en la tormenta, tampoco quiero forzar a mi pluma a arrancarle los pensamientos a mi corazón, como si fueran las manzanas del Edén. No quiero darte racimos de letras que pondrás en el florero del pasado, y que día a día se marchiten, sílaba por sílaba. Lo que quiero es regalarte un soneto de mis acciones, que no haya intermediarios, no escribirte de amor, sino hacértelo. Quiero que la única métrica sean aquellos milímetros entre nuestros labios después del beso. Ya no quiero trazar en papel, solo quiero versar contigo en infinitivo, bailar, reír, llorar, morir, amar y ser. Quiero, que lo único que rime sean nuestros latidos, a su ritmo, con rimas simples, complejas y blancas. Quiero ser mi pluma, que tú seas mi tinta, y así, como si fuéramos uno, escribir, pero no palabra por palabra, sino acción por acción, la mejor de las poesías, nuestro amor.
Odio escribir así con los sentimientos ofuscados con la mente aturdida enojado de tener que escribir. Y tengo que escribir, en nombre de un dolor que como todos no fue pedido, tengo que escribir de la maraña, de la ofuscación y del odio, y tengo que escribir de que no quiero escribir, porque la alternativa es no dormir, enojarme con quién no merece enojo escupir desprecio a quien me otorga amor. Así que tengo que escribir, a pesar de que mi pluma cargue con una tinta de un color que detesto, escribiendo rabia, ansiedad y dolor, culpándome de usar mi mano para la autocomplacencia en lugar de crear algo útil, bello O que rinda homenaje a quien está aquí. Tengo que escribir odiando la escritura odiando al escritor, odiando la fuente que se oculta detrás de las palabras, con la esperanza de que mi odio se agote tras dejar su esqueleto regado en el papel. Y es por eso que aquí estoy escribiendo, y escribiendo, y escribiendo.

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