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Mostrando las entradas de mayo, 2018

Capítulo 20 - Los pájaros negros y el barco blanco.

Desde lejos, recortado contra el vestido azul del mar, noto tu despedida sin forma que se eleva hacia el cielo desordenada. Contigo, siguiéndote, van mis ojos y cordura, alejándose de la costa, arrastrados por el color blanco de tu barco. Por una rosa extranjera,  en cuyos pétalos te perdiste, fuiste arrancado de aquí, y ahora cargas su espina en tu pecho. Yo no se de amores ni de puertos, pero hace días que sé de tu ausencia, ausencia presagiada por sonoros graznidos, ausencia prevista por plumas negras. No he dicho a nadie nada de esto, pero Laura conoce de miradas, y con la suya creo que escucha cuando la primavera acaba. Como yo, miro a esa palmera aislada, aquella frente al mercado viejo, no hay aves, no hay nada, solo la falta de tu mano, aquella que soltaste de la mía por otra, y que con las mías de regreso te di tu rosa. Tu voz me dice cosas en el humo, desde lejos con mi adiós respondo, volteo a mirar mi café sobre la mesa, frío, y lenta...

Capítulo 19 - Clank

En otras vidas fuiste música, lo sé por como vibras, con ese delicado andar sonoro y esos ojos "in crescendo". De manos prodigiosas, el teclado, lo sé por tus dientes armónicos que resguardan la morada del ave que dentro de ti vive. A otra tú, el viento la hacía cantar, lo sé por tus llegadas suaves, como un silbido en concierto, como un tiro lejano, que solo escucha el oído predilecto. De percusión en otro tiempo, de membrana tersa, que a cada roce ríe, que a cada contacto suena. A través del estereo te ves como aquel vals, suenas como la última balada, ríes, fría y lejana como el invierno, lloras fúnebre como nocturno. Y me enamoras, me enamoras como esa canción sin tiempo, como ese eterno silencio del instante detenido, de la cristalización de un presente, del nacimiento de un futuro pasado, del recuerdo de aquel concierto de dos. Desde entonces, un baterista en mí escondido, toca a doble pedal su concierto bajo las notas que dicta tu mirada.

Capítulo 18 - Danza

En la orilla del mundo, teniendo de testigo al mar, que me busca para huir como tú, de las llamas revive un recuerdo, aquel primer y único baile.  De las cenizas surge tu aroma, el tacto fino de tu pelo, el beso fantasma de tus manos, y la leña cruje como tu risa en mi pecho.  Nos imagino entonces entre las brasas, alzándonos como hilos de fuego al viento, tejiendo al compás de nuestros pasos una red en movimiento perpetuo. Al final de la noche, bajo estrellas somnolientas, sobre la arena que les pertenece, teniendo de testigo al mar, que va y viene, como tú y yo, miro aquel primer y único baile, lo veo extinguirse en el manto nocturno, dejando en el humo su cadáver, y atrás, en la madera, aquel único y resplandeciente fulgor. 

Capítulo 17 - Por tu amor

"Por tu amor no sería deidad ni hombre, los primeros están sobrevalorados y los últimos son idiotas. Por tu amor no sería más que una flecha, lanzada desde un arco dorado por una mano inexistente, para atravesar tu pecho, como la lluvia lo hace con tu alma en los días grises; y desangrarte atemporal, robar cada gota de esa sangre tuya, quitártela en hilos que usaré para crear nuestro sepulcro, hasta que quedemos ambos, inertes, en mi amor."

Capítulo 16 - A mi madre

De átomos a uniones, de uniones a genes, de estos a mi hogar. Sin problemas, inconsciente, incorpóreo. Dejamos atrás nueve lunas, a tantos otros yo, lo que creí que era el final solo fue un inicio contigo. Días de paz en tus brazos, las caricias suaves, la voz dulcísima, y de la nada, un día la cara del amor. Ya no eran lunas sino soles a nuestro paso, todo cambiaba, excepto tú. Mi mano crecía en la tuya, cada día veía más y entendía menos, sin embargo siempre entendí tu luz. Luz constante, presente en cualquier abismo, estrella polar del cielo más oscuro, faro, sin importar la travesía. La dualidad vive en ti, consistencia de acero, fragilidad de rosa, ira de infierno, ternura divina. Me forjaste en el fuego de tu amor, mi vida y destino son tan tuyos que no concibo un mundo sin esa mirada, sin ese calor. No hay palabras humanas (Ni divinas, yo lo sé) que hagan honor a tu ser, pero algo tengo que decirte porque me enseñaste a no morir ...

Capítulo 15 - Infinito

¿Cuál es el precio de tu atención? del tacto de tus fríos huesos, de la sangre de ese corazón vacío, o de la voz de tus lívidos labios. No existí sino por ti, no vivo si no es para tus fines,  no estaré si no es de tu mano, no deseo más que tu amor. Por él, el sacrificio es aceptable, para que me veas como te igual, para tener más de esos besos inertes, para que seas mía como yo lo soy de ti. Millones de almas para poder colmar la tuya, para beberla hasta el fondo de mis venas. Te daré la mitad de todas las vidas por vivir solo una a tu lado. 

Capítulo 14 - México, tierra de sol y polvo. Parte III: Mi hogar

Hay veces en que mi país me entristece, la muerte de inocentes, la violencia, los sueños rotos y los futuros frustados. Esta es mi forma de protestar, porque aunque amo a México, algunas veces simplemente no es mi hogar. Mi hogar Este es mi hogar, lugar donde el Sol quita al oro de las paredes, opacándolo, desvaneciéndolo, asfixiándolo, convirtiendo todo en polvo añejo, inerte. Lugar donde solo los sueños se alzan contra la gravedad, y, sin embargo, caen por su peso, reptando ensangrentados. Este es mi hogar, el que odio per se, que tiñe la piel de bronce, que quiebra las rocas más duras. Aquí nazco, aquí crezco, aquí respiro, aquí vivo, y, maldición, aquí muero.

Capítulo 13 - Una vez más

Te fuiste, sin adiós,  sin palabras, te esfumaste de nuevo en mis brazos, volviste al polvo, te fuiste.  ¿Qué sabías de mí esta vez? ¿Acaso de los años que por ti no viví? ¿Del avance estático que fingí? Volviste para irte, para lacerarme en tu nombre, y aunque tú te hayas marchado, soy yo quien nunca ha regresado. Porque jamás volví de ese día en el puente, de la caída abrupta de mis sueños, como tú, me fui desde entonces para siempre, más yo partí sin ti a mi vida, mi infierno. Eterno, total, definitivo, así debiera ser tu abrazo, sin embargo la ven mis ojos, la sienten mis labios, pero no lo suficiente, jamás lo suficiente.  Al fondo el tiempo ríe, con esa carcajada frenética, resonante, incorpórea. Esta vez no hubo risas, aún así aquí no estás, ¿Es que acaso me odias? ¿Es mi tortura tu vendetta? Te quiero a mi lado como entonces, pero ya no vuelvas si tienes que irte, te deseo junto a mí como hace tantos años, mas ya aprendí a ...

Capítulo 12 - Quiral

"(Eres) La vibración de ese árbol no caído  que yace en el suelo,  recorriendo un aire no respirado, puro. Estás donde se encuentran mis sueños,  mis risas, los kilos de más, los dados del juego  y las plumas de esta mano mía. Nunca viste (ni verás jamás) la luz que deberías emanar,  pues ahora iluminas un sitio sin ojos.  Debiste ser el reflejo del color y el eco de la risa,  y sin embargo eres realidad cruda y sedienta, ávida de futuro. ¿Qué constelación puede protegerte?  Si el único cielo donde colgaban eras tú,  y las dejaste a su merced aquí en la Tierra,  a mi lado, sin ti. Me maté usándote de bala,  y como las abejas tu vuelo se vino abajo,  pero lento, al ritmo de los colibríes,  despacio, a un latido por mes, a tres gotas por año. Tú eras (o fuiste, o no, o yo qué mierda sé) el reflejo de lo que germinamos,  ahora te alzas como estandarte en un país sin nombre"