En la orilla del mundo,
teniendo de testigo al mar,
que me busca para huir como tú,
de las llamas revive un recuerdo,
aquel primer y único baile.
De las cenizas surge tu aroma,
el tacto fino de tu pelo,
el beso fantasma de tus manos,
y la leña cruje como tu risa en mi pecho.
Nos imagino entonces entre las brasas,
alzándonos como hilos de fuego al viento,
tejiendo al compás de nuestros pasos
una red en movimiento perpetuo.
Al final de la noche,
bajo estrellas somnolientas,
sobre la arena que les pertenece,
teniendo de testigo al mar,
que va y viene, como tú y yo,
miro aquel primer y único baile,
lo veo extinguirse en el manto nocturno,
dejando en el humo su cadáver,
y atrás, en la madera,
aquel único y resplandeciente fulgor.
teniendo de testigo al mar,
que me busca para huir como tú,
de las llamas revive un recuerdo,
aquel primer y único baile.
De las cenizas surge tu aroma,
el tacto fino de tu pelo,
el beso fantasma de tus manos,
y la leña cruje como tu risa en mi pecho.
Nos imagino entonces entre las brasas,
alzándonos como hilos de fuego al viento,
tejiendo al compás de nuestros pasos
una red en movimiento perpetuo.
Al final de la noche,
bajo estrellas somnolientas,
sobre la arena que les pertenece,
teniendo de testigo al mar,
que va y viene, como tú y yo,
miro aquel primer y único baile,
lo veo extinguirse en el manto nocturno,
dejando en el humo su cadáver,
y atrás, en la madera,
aquel único y resplandeciente fulgor.

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