En otras vidas fuiste música,
lo sé por como vibras,
con ese delicado andar sonoro
y esos ojos "in crescendo".
De manos prodigiosas, el teclado,
lo sé por tus dientes armónicos
que resguardan la morada
del ave que dentro de ti vive.
A otra tú, el viento la hacía cantar,
lo sé por tus llegadas suaves,
como un silbido en concierto,
como un tiro lejano,
que solo escucha el oído predilecto.
De percusión en otro tiempo,
de membrana tersa,
que a cada roce ríe,
que a cada contacto suena.
A través del estereo
te ves como aquel vals,
suenas como la última balada,
ríes, fría y lejana como el invierno,
lloras fúnebre como nocturno.
Y me enamoras,
me enamoras como esa canción sin tiempo,
como ese eterno silencio del instante detenido,
de la cristalización de un presente,
del nacimiento de un futuro pasado,
del recuerdo de aquel concierto de dos.
Desde entonces,
un baterista en mí escondido,
toca a doble pedal su concierto
bajo las notas que dicta tu mirada.
lo sé por como vibras,
con ese delicado andar sonoro
y esos ojos "in crescendo".
De manos prodigiosas, el teclado,
lo sé por tus dientes armónicos
que resguardan la morada
del ave que dentro de ti vive.
A otra tú, el viento la hacía cantar,
lo sé por tus llegadas suaves,
como un silbido en concierto,
como un tiro lejano,
que solo escucha el oído predilecto.
De percusión en otro tiempo,
de membrana tersa,
que a cada roce ríe,
que a cada contacto suena.
A través del estereo
te ves como aquel vals,
suenas como la última balada,
ríes, fría y lejana como el invierno,
lloras fúnebre como nocturno.
Y me enamoras,
me enamoras como esa canción sin tiempo,
como ese eterno silencio del instante detenido,
de la cristalización de un presente,
del nacimiento de un futuro pasado,
del recuerdo de aquel concierto de dos.
Desde entonces,
un baterista en mí escondido,
toca a doble pedal su concierto
bajo las notas que dicta tu mirada.

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