Ir al contenido principal

Capítulo 27 - El cuadro perfecto

¿Acaso se vive solo un día?
Es por eso que te retrato
por el color tornasol,
por este atardecer. 

Eternamente me huyes,
como a otros tantos yo,
llegas con el alba,
te vas con mi risa a medianoche
y dejás atrás mi cadáver
que se disuelve en tinta.

¿Cuántas veces te he visto?
¿A través de qué ojos?
¿Cuántas muertes cargan estas letras?
que persiguen fantasmas pasados.

Eres mi poema número veinte,
el dibujo catorce,
el beso invaluable
y el anhelo que no existe.

Como ayer,
me vuelo las ideas,
usando una pluma que no reconozco,
que me es tan ajena como el día de hoy,
como esa sonrisa tuya
que he visto mil veces en mil rostros,
pero que es la misma siempre,
si esa palabra no fuera prohibida,
si existiera para ti o para aquellas como tú,
que poseo como el cielo al sol,
tan lejos pero dentro de él.

Sin embargo, como todo, cambias,
y mis letras ya no sirven,
porque fuiste y no eres,
y tú te mereces, solo para ti,
el cuadro perfecto. 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Voy a tener que escribir

Odio escribir así con los sentimientos ofuscados con la mente aturdida enojado de tener que escribir. Y tengo que escribir, en nombre de un dolor que como todos no fue pedido, tengo que escribir de la maraña, de la ofuscación y del odio, y tengo que escribir de que no quiero escribir, porque la alternativa es no dormir, enojarme con quién no merece enojo escupir desprecio a quien me otorga amor. Así que tengo que escribir, a pesar de que mi pluma cargue con una tinta de un color que detesto, escribiendo rabia, ansiedad y dolor, culpándome de usar mi mano para la autocomplacencia en lugar de crear algo útil, bello O que rinda homenaje a quien está aquí. Tengo que escribir odiando la escritura odiando al escritor, odiando la fuente que se oculta detrás de las palabras, con la esperanza de que mi odio se agote tras dejar su esqueleto regado en el papel. Y es por eso que aquí estoy escribiendo,  y escribiendo, y escribiendo.

Alucinación hipnagógica

Cae lentamente el sol de su cielo tomándose el tiempo del mundo, semejando una hoja a la deriva del viento atrapada en una espiral de frío y calor, precipitándose a un ritmo estático casi sin dar noticia de su caída, como negando una realidad irrefutable, como si el hecho de caer no fuera un hecho, así, cae lentamente el sol de su cielo, llevándose su luz a dormir y abriendo el escenario a la luna para que pueda extender su noche sobre nosotros, en un espectáculo bellísimo, al punto en que lo he bautizado con tu nombre. Lo odio, a pesar de los soles que me saludan a distancia, aún sabiendo que soñaré contigo, pese a que la oscuridad de su manto me cubre el alma, y aunque regale a mi sentir palabras para ser oído. Quisiera entonces ser una hoja a la deriva del viento, con su virtud de alargar segundos, con la habilidad de Dalí de estirar relojes, para así no ver tu nombre en el horizonte, y evitar el frío beso del firmamento, pues sus labios traen invariablemente sobre sí, aquellas pala...

Pan

 El pan es solo pan no entiendo tu expectación ante cualquier restaurante nuevo es cada pieza del sabor de la anterior excepcionalmente es alguna más dulce, me es inevitable la risa, el pan es solo pan  pero ve tu boca distintos matices como si olvidara el sabor a harina y todo bocado fuera el primero. El primer pan que pruebas puede ser la mejor o peor comida, contigo, las oportunidades se disparan cada pan es nuevo y es en tus ojos un hecho visible su calificación, no importa si comimos aquí ayer o si van meses de nuestra ausencia, para ti cada pan existe solo al probarlo, con ello, la sorpresa en la mordida, la expectación incomprensible de que éste sea diferente como si tuviera la facultad  de saber a algo que no sea pan. Al fin y al cabo, pienso:  el pan es solo pan; de pronto, el recuerdo con su verdad asoma,  ningún otro en mi vida supo tan delicioso como todos los panes que he compartido contigo.