Desde lejos, recortado contra el vestido azul del mar, noto tu despedida sin forma que se eleva hacia el cielo desordenada. Contigo, siguiéndote, van mis ojos y cordura, alejándose de la costa, arrastrados por el color blanco de tu barco. Por una rosa extranjera, en cuyos pétalos te perdiste, fuiste arrancado de aquí, y ahora cargas su espina en tu pecho. Yo no se de amores ni de puertos, pero hace días que sé de tu ausencia, ausencia presagiada por sonoros graznidos, ausencia prevista por plumas negras. No he dicho a nadie nada de esto, pero Laura conoce de miradas, y con la suya creo que escucha cuando la primavera acaba. Como yo, miro a esa palmera aislada, aquella frente al mercado viejo, no hay aves, no hay nada, solo la falta de tu mano, aquella que soltaste de la mía por otra, y que con las mías de regreso te di tu rosa. Tu voz me dice cosas en el humo, desde lejos con mi adiós respondo, volteo a mirar mi café sobre la mesa, frío, y lenta...