Como en la vida diaria, siempre hay recuerdos, cosas o personas que atesoramos. Así, muchos no pueden dejar ir un pantalón, una foto con sus amigos, un muñeco de peluche que te siguió hasta el fin del mundo cuando eras chico, o pequeñas notas en post it de la preparatoria. Hay historias que nos siguen a lo largo de nuestra vida, nos conforman, y se expresan en nuestro día a día de maneras desapercibidas, o eso creemos porque hay quien asegura que para un buen observador estas historias son tan claras como los cristales de una lupa.
Para la gente que tiene la dicha de poder leer, sé que encuentran equivalentes a esos pantalones y a esas fotos, entre las páginas de ciertos libros. El día de hoy, les recomiendo una de las historias que cargo conmigo desde hace años.
Sir Arthur Conan Doyle, médico británico nacido en Edimburgo en 1859, después de ser estudiante del médico Joseph Bell, asombrado por las capacidades deductivas de su mentor, decidió traer a la "vida literaria" a una de las mejores mentes jamás concebidas.
Personaje convencido de que los ojos de todos funcionan igual, pero consciente de que solo aquellos que observan en lugar de mirar son conocedores ipso facto de la naturaleza que los rodea. Con sus cualidades de observación y raciocinio deja de manifiesto que los ojos solo ven aquello que la mente conoce. Los relatos de Sir Arthur sobre el único detective consultor de Londres llevó en su momento, a que la gente creyera que se trataba de una persona de verdad, y es que la narrativa del médico no es algo que te haga pensar en que las facultades de su protagonista son de otro mundo, antes lo que te hará pensar es "cómo no lo vi antes". Tal personaje es Sherlock Holmes, habitante del 221B de Baker Street.
La primera aparición de Sherlock ocurre en la novela de título Estudio en escarlata publicada en el año de 1887, junto con otro personaje imprescindible de Sir Arthur, el médico militar John Watson.
Estudio en escarlata supone el inicio de todo el Canon Holmesiano, y es una historia que considero importante en mi formación.
Watson busca una habitación, Holmes tiene el mismo fin, se conocen y comienzan a vivir juntos. Watson siente curiosidad por las costumbres poco ortodoxas de su compañero de piso, al descubrir su oficio, Holmes lo invita a verlo en acción en su campo de trabajo, la resolución de un asesinato.
Lo que hace memorable a la obra es el estilo de narración simple, y su capacidad de escribir datos y ocultarlos de la vista del lector, aumentando el interés de los crímenes, enganchándote así a la historia y obligándote a poner en práctica tus capacidades deductivas, solo para que al final de la manera más simple, el crimen sea resuelto por Holmes, haciendo que te sientas ingenuo o idiota.
De alguna u otra manera, ya sea por la trama original de la resolución del crimen o la historia secundaria donde el "villano" narra su pasado, Estudio en escarlata no pasa desapercibida, puedes amar u odiar a cualquiera de los personajes de acuerdo a cuál sea tu visión del mundo, y deja la palabra "justicia" a tu consideración.
Para mí, lo más importante es que manda un claro mensaje, cualquiera puede ser Joseph Bell, cualquiera puede ser Holmes, solo basta abrir bien los ojos, y, con ellos, la mente.
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