Estas son las últimas páginas de esta libreta,
te he guardado en tantas cosas estos años,
como si esa fuera la única forma de que tu amor no muera,
separándote en cada parte que me gustaba de ti, guardándolas,
y con ellas a un poco de nuestro fuego,
en recipientes tan idiotas que se volvieron indispensables.
Pero he dejado ir todo poco a poco,
de la misma forma en que tu memoria se disuelve,
de la manera en que tu voz es extraña ahora,
y en como tus besos se funden hoy en otros.
He tirado, con los años, como si fueran hojas mías en otoño,
todos los regalos, le he dado al viento las canciones,
usé tus plumas hasta desgastar su tinta,
dejándolas mudas después de haber dicho tanto,
y he quemado todas las cartas.
Lo he hecho al ritmo de la luna en estos años,
cubriendo a la tristeza con la luna nueva,
sintiendo despedirme de ti con cada cosa,
sofocando al cuerpo inerte de un amor muerto,
pero mintiéndome,
porque al final siempre quedaba esta libreta,
y yo lo sabía.
¿Cómo no saberlo? Si al amor lo conocí por ti,
estas hojas que me diste las usé como su refugio,
aún en tu ausencia, todo mi amor llegaba a ti sin importar el destinatario,
tú eras el fin a alcanzar a través de estas páginas que eres,
pues aún se siente como escribir en tu piel,
solo que ahora con tinta en lugar de labios.
Es por eso que perdí el enfoque,
mi amor se volcaba en ti sin volver la vista,
lo hacia deprisa,
tanto, que cuando me di cuenta estaba a tu lado,
y solo lo veía ahí, sonriéndote,
siempre la misma imagen, el mismo lugar,
tan cerca de ti que creí manaba de tu centro,
siendo yo solo el recipiente de su descanso,
la cama a la que volvía cuando tu ausencia era.
Estos años sin ti,
las horas que ha pasado en mí,
después de cansarse en el empeño de tu búsqueda,
de las quejas que he oído de él,
y del odio que he sentido desde mi amor,
me mostraron el error que yo era contigo,
nunca nació de ti, era mío, desde siempre,
pero vertí tanto de mí en nosotros
que disolví una singularidad en pluralidad,
sin entender que la segunda se rompe sin la primera.
Lo sé ahora,
es por esto que me despido de estas hojas,
el último santuario de ese amor plural que fuimos,
este único cabo restante que al fin estoy dispuesto a soltar,
pues un bote no puede zarpar amarrado al muelle
y hay muchos mares por navegar.
Comentarios
Publicar un comentario