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Hoy me has dado tu cuerpo

Hoy me has dado tu cuerpo con la confianza que el querer otorga a los amantes, te has entregado como sol en ocaso a un horizonte que te deseaba. Hoy mis manos fueron hechas para tu espalda, pechos, abdomen, piernas, cara, alma, te recorrí en caricias y besos como viajero al mundo, me siento tan perdido en ti como ellos en el mar. Sin importar el destino, volvía a tus labios, inexorable,  santuario de renacimiento para este cadáver  que solo vive al unirse a ellos y muere en la abstinencia de su roce. Hoy ha significado para mí más que todo el calendario, pues hemos hablado sin palabras lo que se negaba a oírse  hemos rematado el placer con un te amo impaciente, temeroso de ser visto, juzgado, apedreado, pero que no ha sabido vivir en la oscuridad de la mentira, queriendo unirse también al juego de fricciones y cariños, sin saber que él ha estado ahí desde antes, que el juego nació por él, que todo ha nacido desde él, que tu nombre es simplemente sinónimo de amor.

Capítulo 41 - Nuestro amor será para siempre

Nuestro amor será para siempre, será una canción de hielo viajando en un río de plata, flotando en medio de un ruido equivalente al silencio, armónico, no como tú, no como yo, que estamos atados a la carne, a los besos, al tacto, y al aroma de su hechizo, no como nosotros condenados al polvo, llamados a ser cenizas para volver y romper el ciclo, matar la magia. Nuestro amor será para siempre, un susurro eterno sin tiempo, presente, continuo, variando en tono para ocultarse de oídos inquietos, para huir de todos, de los ojos de otros, de tu boca y de mi mano, para viajar sin las cadenas que le dimos, con las que lo atamos desde su primer día, bajo el tierno hilo de miradas desconocidas y latidos sordos, latidos que se perderán en el olvido, cosa peor que la muerte, insalvable, en que caemos juntos. Nuestro amor será para siempre, no nosotros, que partiremos por sendas distintas, después de encender por última vez las partes en mi mente que se alegran por ti, rotas entonces por el aband...

Capítulo 39 - Memoria

Tú te llevaste mi memoria, la has tirado a un lugar que no recuerdo, o quemado en una hoguera que alimenta con los malos días. La has roto bajo el peso de los años y dado las sobras a los perros, que han roído hasta la médula los días tristes. Jugaste con ella y la tiraste, vive ahora bajo el mueble llenando de polvo los días felices. La torturaste, golpeaste y laceraste, hasta hacer de aquellos viejos días  un mapa hecho de cicatrices que llevan a algún sitio sin nombre. La abandonaste en la lluvia para que los nuevos días murieran de hambre, dejaste su destino a manos del sol para que perdiera su color, quedando atrás una sombra gris de lo que fue. La ahogaste con tus manos en el río, dejando que se asfixiara con esa agua envenenada llamada olvido, la viste disolverse, desaparecer y no tomaste su mano. Buscaste entre sus restos los días brillantes para dárselos a los cuervos, y vendiste el resto por años. No lo sé, no lo recuerdo, pero tú te lle...

Capítulo 38 - Sobre final

Te leo como a una carta antigua de tinta y piel frías, carta rota y sellada para siempre en este sobre final. Hojas plegadas sobre sí, historia oculta entre versos que cuentan a nosotros un fin, el cual presenciamos desde lejos. Sé que en esta noche te irás, lo susurra todo en tu cuerpo, tentada ya a no regresar por el pasado de alguien muerto. Ya sé que me vas a dejar, ahogas el grito de esos ojos detrás del incesante temblar de tus bellos labios rojos. No tienes nada que explicar, las palabras brotan de tus besos, enviados a mí a apagar aquel fuego que ardió adentro. No hay nada para decir las razones sobran a tus manos, caricias que no saben mentir a quien las conoce de antaño. Hoy quemas heridas vivas cerradas este último encuentro de cuerpos y almas vacías que parten por dentro en secreto. Basado en la canción homónima de La Gusana Ciega

Capítulo 37 - Mar

Viajo por las olas de este mar grisáceo  para olvidar el puerto del que zarpé, de la tierra segura tras de mí, donde mi muerte muestra tu rostro y a las lágrimas que nacen de él, lágrimas que ruedan a paso constante, lentas, empujadas a cuesta por dos tristezas, hacia abajo, como si fueran cayendo, pero aferradas a ti como mi pecho, cayendo, sin detenerse, sin pensar en nada más que en la caída, mejillas, labios, mentón, cuello, pecho, vientre, siguiendo un camino trazado a besos, besos ahora perdidos y muertos, cuyos cadáveres no recuerda nadie, cayendo con sabor a sal y amargura, con olor de amor roto, cayendo a reunirse con sus hermanas y los míos, allá en el fondo de otras lágrimas, nacidas de otros ojos más grandes, más sabios, y si es posible, más tristes. Lágrimas que ahora surco en mi barco para poder olvidar las tuyas.